lunes, 25 de septiembre de 2017

Resiliencia: Los 12 hábitos de las personas resilientes

Resiliencia: Los 12 hábitos de las personas resilientes

¿Sabes qué es la resiliencia? ¿Quieres aprender a ser más resiliente?
resiliencia
A veces la vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

Resiliencia: definición y significado

La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.
La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.
Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

La práctica de la resiliencia: ¿Cómo podemos ser más resilientes?

resiliencia practicaLa resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.
De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Las personas que practican la resiliencia:
  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
  2. Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?
  5. Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  8. No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.
  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  11. Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

La resiliencia en los niños

resiliencia niñosSi queremos que nuestros hijos afronten las dificultades de la vida con fortaleza es importante educarles en la capacidad de ser resilientes, para ello es fundamental nuestro ejemplo, no sobreprotegerles y sobre todo creer en ellos. No se trata de evitar que se caigan, sino de enseñarles a levantarse, y para ello tenemos que confiar en que ellos pueden. Por supuesto, tampoco se trata de exponerles a peligros o ambientes agresivos “para que se hagan más fuertes”, afortunadamente no estamos en Esparta. Aportar seguridad y protección es necesario. Algo importante que podemos preguntarles a los niños cuando tienen un contratiempo si queremos que aprendan a desarrollar la resiliencia es ¿qué puedes aprender de esto? o ¿qué puedes sacar bueno de esto que ha ocurrido?

viernes, 22 de septiembre de 2017

La salud y la enfermedad en el siglo XXI

La salud y la enfermedad en el siglo XXI

¿Qué es estar sano hoy? ¿Qué es estar enfermo? ¿Cómo han cambiado esos conceptos a lo largo de las décadas? Hacia una mirada integral sobre el estar y sentirse bien. Cinco claves para vivir más.
La salud y la enfermedad en el siglo XXI
La risa es salud Mujer riendo
¿Qué es estar sano hoy? Lo primero: la salud no es sólo la ausencia de enfermedad. Una persona sana es aquella que disfruta de bienestar físico, mental y social. Así lo define la OMS. Y en ese sentido se orienta la medicina en el siglo XXI.

"Estado de completo bienestar físico, mental y social".  Eso es estar sano hoy, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). No se trata sólo de ausencia de enfermedades y análisis clínicos con resultados normales. No. Estar sano hoy tiene que ver con una armonía entre lo físico, lo psíquico y lo emocional. Un estado difícil de alcanzar, es cierto. Pero hacia allí se debe apuntar.

Esta concepción amplia de la salud tiene en cuenta que los cuadros emocionales y el contexto social inciden sobre el bienestar de las personas, más allá de que contraigan o no determinadas enfermedades.

Múltiples estudios confirman la interrelación entre ambos aspectos. El estrés laboral, por ejemplo, incrementa el peligro de sufrir infartos (puede llegar a provocar un aumento del 46% en el engrosamiento de las arterias, según un estudio de la Escuela de Salud Pública de Berkeley), por lo que es considerado un factor de riesgo tal como el sedentarismo o la mala alimentación.

Y así como el estrés afecta negativamente el "estado de completo bienestar físico, mental y social", algo tan simple como la risa puede ayudar a alcanzar y mantener esa armonía. Según investigaciones de la Universidad de Stanford, reír 30 veces al día contribuye al buen estado de salud física y mental y constituye un escudo contra la ansiedad y el estrés.

Esta es la idea de salud que sostiene la psiconeuroinmunoendocrinología, el área de la medicina que combina psicología, psiquiatría, neurología, inmunología y endocrinología. Desarrollada sobre la premisa de que no puede estudiarse un órgano o una parte del cuerpo sin tener en cuenta a la persona en su totalidad, en su relación cuerpo y mente, esta disciplina apunta al estudio del sistema nervioso, contemplando el impacto que pensamientos, emociones y sentimientos tienen sobre la salud. Sólo así, sostienen sus impulsores, puede comprenderse qué es ser una persona sana hoy. Y aspirar a serlo.


¿Qué es estar enfermo hoy?

"Alteración más o menos grave de la salud", dice el Diccionario de la Real Academia Española como primera acepción del término enfermedad. La OMS, en tanto, emplea el concepto de "peligro para la salud" para referirse a cualquier "efecto biológico, no comprendido en el margen de compensación fisiológica normal, que es perjudicial para la salud o el bienestar".

El concepto de enfermedad hoy utilizado es multidimensional.Por eso en la Estadística de Enfermedades y otros Problemas de Salud -publicada por la OMS- se tienen en cuenta, además de los trastornos físicos, los ocasionados por factores sociales y emocionales.


Cinco Claves para vivir mas

martes, 25 de julio de 2017

5 cosas que nunca debes hacer si te encuentras en medio de una catástrofe

5 cosas que nunca debes hacer si te encuentras en medio de una catástrofe

Autor: BBC Mundo

La supervivencia depende menos de las acciones heroicas y más de evitar errores debidos a distracciones y falta de juicio. BBC Future explora lo que se debe y no se debe hacer en medio de una situación catastrófica.

5 cosas que nunca debes hacer si te encuentras en medio de una catástrofe

“Nunca olvidaré ese sonido. El sonido del metal crujiendo”, dice George Larson, pasajero del vuelo 440 de Indian Airlines que iba de Madrás a Nueva Deli en 1973.
Eran las 10:30pm y afuera estaba completamente oscuro. Una tormenta azotaba la nave y la hacía volar a poca altura.
La cola fue la primera en chocar contra el suelo. Larson salió expulsado de su asiento.
Mientras, el avión continuó derrapando sobre la superficie. El fuselaje se abrió en dos.
Lo siguiente que Larson recuerda, cuando despertó, fue que se encontraba de espaldas sobre restos del avión.
Luego estallaron los tanques de gasolina en las alas.
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Eso produjo una lluvia de objetos que fueron cayendo alrededor de Larson. Como pudo se arrastró hasta el suelo para alejarse. Fue una de las 17 personas que sobrevivieron.
De hecho, Larson fue increíblemente afortunado dado que, apenas minutos antes, había hecho algo sumamente peligroso.
Antes del accidente, se encontraba sentado en las filas al fondo del avión, y, aunque la señal de abrocharse el cinturón se había encendido, hizo caso omiso.
La mayoría de las personas que se desabrochan el cinturón antes de una situación como esta, terminan muertas.

Reacción tardía

Sorprendentemente, muchas personas en escenarios altamente peligrosos no reaccionan rápidamente para salvarse.
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Desde ponerse a discutir sobre cosa menores, mientras el barco se hunde en plena tormenta, hasta quedarse pasmado en la orilla de la playa cuando hay un tsunami en camino.
Los psicólogos saben desde hace mucho tiempo que la gente, cuando se siente presionada, toma decisiones autodestructivas.
“Los talleres de supervivencia no se centran en entrenar personas sobre lo que deben hacer, sino en evitar ciertas cosas que normalmente harían”, explica John Leach, psicólogo de la Universidad de Porstmouth, en Inglaterra.
En su opinión, entre 80% y el 90% de las personas reaccionan incorrectamente ante una crisis.
Por ejemplo, un video grabado durante el terremoto en Japón en 2011, muestra a personas que arriesgaban sus vidas mientras corrían para agarrar botellas de licor en un supermercado.
Es como si una niebla cubriera nuestro cerebro durante las emergencias.
En el 2001 un profesor de la Universidad de Cambridge estaba remando en un kayak en las difíciles aguas de la Isla de Wight, en la costa sur de Inglaterra.
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El fuerte oleaje hizo que el kayak se volteara. El profesor se mantuvo agarrado al bote durante 20 minutos, antes de recordar que tenía un celular.
La primera llamada que hizo fue a su hermana, en Cambridge (a más de 5.000 Kms.), luego a su padre (en Dubái).
Eventualmente fue rescatado, cuando sus parientes avisaron a los guardacostas.
Con este preámbulo, ¿cuáles son los comportamientos que debemos evitar cuando hay una emergencia?

1. Paralizarse

La mayoría de las personas tienden quedarse “congeladas” ante un desastre.
Aunque por fuera luce como una actitud pasiva, cuando el miedo nos paraliza, el cerebro está activando todos los frenos.
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Mientras fluye la adrenalina y nuestros músculos se tensan, el “pequeño cerebro” primitivo ubicando en la base de nuestra nuca envía señales para mantenernos clavados donde estemos.
Es un mecanismo presente en todo el reino animal y para sobrevivir debemos combatirlo.
2.Incapacidad para pensar
A principios de los años 90, durante la Guerra del Golfo, Israel se preparaba para combatir a Irak.
Luego del ataque con gas, realizado por fuerzas iraquíes, el gobierno de Israel se preparó para lo peor.
Para ello, entregó a toda la población máscaras antigas y antídotos contra el gas nervioso. Al sonido de una alarma, la gente debería buscar refugio y hacer uso de su equipo.
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Hubo 21 ataques, y aunque no se utilizaron armas químicas, se registraron más de 1.000 heridos, pero no por las razones que tú piensas.
Un 22% fue afectado por explosiones. El resto se debió a falsas alarmas. De hecho, 11 personas murieron al ponerse la máscara y no abrir los filtros de aire.
“El cerebro tiene una capacidad muy limitada para procesar información nueva“, explica Sarita Robinson, psicóloga de la Universidad Central de Lancashire.
En medio de un desastre, nuestra velocidad para analizar las opciones va de mal a peor.
Primero, el cerebro busca inundar el organismo con dopamina (la hormona para “sentirnos bien”).
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Esto puede parecer contraindicado, dado que es una hormona asociada a la gratificación, pero la dopamina juega un papel fundamental en la preparación del cuerpo ante el peligro inminente.
La dopamina dispara otras hormonas, incluyendo adrenalina cortisol, y es justamente por eso que todo se enreda.
Este coctel de hormonas apaga la corteza prefrontal, ubicada detrás de la frente, responsable de funciones fundamentales como la memoria.
Justo cuando más necesitamos nuestra base de datos, nos volvemos olvidadizos y somos proclives a tomar malas decisiones.
3.Visión de túnel
Una reacción típica ante un desastre es lo que se llama “perseverancia”: la tendencia a resolver un problema de una sola forma, insistiendo numerosas veces en la misma respuesta, a pesar de los resultados.
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Esta visión de túnel se registra también en aquellos que han sufrido daño permanente en su corteza prefrontal.
Esto sugiere que, en situaciones de estrés, el cerebro simplemente apaga esta región, dejándonos con un pensamiento inflexible al momento de enfrentar una crisis.
4.Apegarnos a nuestras rutinas
“Muchas personas han muerto cuando regresaban a buscar la cartera que dejaron en casa o a verificar si habían apagado el horno…”, cuenta James Goff, especialista en desastres y manejo de emergencias, de la Universidad de Hawái.
Este comportamiento es tan común, que los psicólogos le han puesto un nombre: “Comportamiento estereotípico“.
Cuando el vuelo 521 de Emirates se estrelló en el Aeropuerto Internacional Dubái el año pasado, videos mostraban a pasajeros tropezando en los pasillos llenos de humo, para sacar sus bolsos de los portaequipajes sobre los asientos.
El trasfondo de esto es que nuestro cerebro depende -en forma extraordinaria- de lo que nos es habitual.
Nuevas situaciones son extremadamente desgastantes para nuestra mente, pues básicamente debemos construir un mundo nuevo alrededor de nosotros.
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Eso explica por qué nos cansamos tanto cuando vamos de vacaciones o empezamos en un trabajo nuevo.
5.Negación
En situaciones extremas, esto implica ignorar por completo cualquier factor de peligro.
“Invariablemente, más de 50% de la población lo hace. La gente va a la playa para ver un tsunami”, advierte Goff.
De acuerdo con Robinson, la negación usualmente obedece a dos razones: la persona se equivoca y no reconoce una situación como peligrosa; o porque simplemente no quiere reconocerla.
La última ocurre mucho en incendios descontrolados, porque al evacuar tu casa estás aceptando que todo lo que dejes será destruido por el fuego.
“La gente tiende a esperar hasta ver el humo, y esto muchas veces quiere decir que ya es muy tarde para escapar”, advierte Andre Gissing, experto en manejo de riesgo, de la compañía Risk Frontier.
Durante décadas los científicos han comprobado que somos malos calculando riesgo, porque en situaciones de emergencia nuestro cerebro confía más en sentimientos que en hechos.
Anulamos pensamientos estresantes y nos damos confianza a nosotros mismos, explicándonos cómo es que el peligro va a desaparecer.
Esto pudiera aclarar por qué los pacientes con cáncer esperan en promedio cuatro meses, antes de ir a un médico a que examine los síntomas que sienten.
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¿Qué sí debes hacer?

En opinión de Goff, la supervivencia se basa en tener un plan.
“Si tú sabes lo que tienes que hacer con antelación, y comienzas rápido, generalmente logras escapar de un tsunami, aunque puede ser complicado”.
En este sentido, Leach insiste en que uno debe reemplazar las reacciones automáticas con aquellas que pueden salvar nuestras vidas.
“Tienes que practicar y practicar, hasta que las técnicas de supervivencia se conviertan en tu comportamiento dominante”, explica.
Sin embargo, no subestimes algo que no puedes controlar.
Preparación, actuar rápido, romper rutinas y evitar entrar en negación pueden ser otros mecanismos para mantenerse más tiempo con vida en caso de estar en un pésimo escenario.
Más allá de eso, también hay que recordar que algunas veces vas a necesitar una enorme dosis de suerte para lograrlo.

lunes, 17 de abril de 2017

La violencia familiar es el delito que más se denuncia en Bolivia

La violencia familiar es el delito que más se denuncia en Bolivia

En 2015 y 2016, este delito se mantuvo encima de los otros. La Paz es el departamento en el que se atendió la mayor cantidad de estos casos, según datos oficiales.

La violencia familiar es el delito que más se denuncia en Bolivia
Sergio Mendoza  / La Paz
 
La violencia dentro las familias es el delito que más se reportó a la Policía en al menos los dos últimos años (2016 y 2015). La gestión pasada hubo 30.971 casos, lo que es el 33% del total de delitos denunciados, que suman 94.352.
 
No obstante, según cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana (ONSC), la cifra bajó en comparación a 2015, cuando se contaron 33.157 de estos hechos. 
 
Como es usual, la mayoría se concentran en los departamentos del eje central con pocas variaciones entre años, pero siempre con La Paz a la cabeza. El año pasado este departamento sumó 8.955 casos.
 
Detrás está Santa Cruz con 8.939 casos,   Cochabamba, con 5.257, y Tarija, con 2.221.
 
El ONSC encontró que los hechos de tránsito  están en segundo lugar (detrás de la violencia familiar) en los casos que atiende  la Policía. Hubo 28.665 de éstos el año pasado, un 30% del total.
 
  Después están los delitos contra la propiedad 16.938 (18%),  luego vienen los que son contra las personas, como las lesiones graves y leves, con 8.108 casos (9%), los que son contra la libertad sexual con 4.757 (5%),  el robo de vehículos con 3.729 casos (4%)  y los delitos contra la vida,  como los asesinatos y feminicidios, con 698 denuncias (1%).
 
Pero la  violencia familiar es tal vez la que más preocupa. Según la Ley 348,   se da cuando el agresor mantuvo una relación de afectividad o intimidad con la víctima, aún sin convivencia, o cuando éste es parte de la familia hasta el cuarto grado de consanguinidad.
 
 De acuerdo a una encuesta realizada por la Coordinadora de la Mujer en 2015, casi el 50% de las mujeres en Bolivia, entre 15 y 75 años, sufrió algún tipo de violencia. Dos de cada tres la padecieron en su propio hogar.
 
Este problema no es exclusivo de Bolivia, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 35% de las mujeres de todo el mundo fueron parte de violencia física por   su pareja.
 
 Esta entidad calificó los datos como alarmantes, ya que el 38% del número total de homicidios femeninos se debe a la convivencia conyugal.
 
 Las agresiones dentro la familia tienen una serie de consecuencias que van más allá de la violencia en sí. Las mujeres que la sufrieron tienen el doble de probabilidades de sufrir un aborto o  depresión.
 
"Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de abordar los factores económicos y socioculturales que fomentan una cultura de violencia contra la mujer, incluida la importancia de cuestionar las normas sociales que refuerzan la autoridad y el control del hombre sobre ella”, concluye el estudio.